Raúl Soutelo nos presentó un esquema detallado de los temas a considerar en el estudio de la emigración desde una perspectiva micro-histórica, tomando la emigración gallega como ejemplo (ver material-seminario-raul-soutelo.pdf). En este documento se incluyen algunas recomendaciones generales que asumimos como punto de partida, y se ensayan algunas fichas modelo de recogida de información. El documento fue repartido y debatido en una reunión a la que fueron invitados todos los miembros del grupo ESOMI. El debate se centró en el aspecto metodológico de la propuesta. En concreto, se evidenció que algunas de las preguntas de mayor interés, las más amplias, requieren ser reconvertidas en una serie de preguntas más concretas que puedan ser, a su vez, convertidas en items de encuesta para llegar a resultados que verdaderamente contesten a las grandes preguntas de partida. Se debatió entre los participantes un tema que ya surgió en la primera reunión del grupo: Cuando se analiza la familia como contexto inmediato del migrante ¿a qué familia nos referimos? ¿Debemos asumir una definición restringida y delimitada de familia o la hemos de adaptar a las definiciones de los propios sujetos migrantes o a las categorías propias de los colectivos estudiados? El problema tiene su especial relevancia para el diseño del cuestionario si la investigación asume la encuesta como principal técnica de recogida de datos. Izquierdo resaltó que, con independencia de la importancia concedida a las definiciones dadas por los sujetos estudiados, en la base de la investigación tiene que haber unas definiciones de partida establecidas desde el punto de vista del investigador. A menudo, esas definiciones se sostienen sobre condicionantes institucionales y legales. Por ejemplo, la ley establece lo que se considera “familia” en el caso de las posibilidades de acogerse a la reagrupación familiar en los procesos migratorios. En todo caso, hay que evitar los conceptos “flojos” o demasiado amplios. Por ejemplo, cuando nos preguntamos si los migrantes disponen de “información” sobre el proceso y el destino previamente a la decisión de emigrar, ¿a qué tipo de información nos referimos? ¿Debemos asumir bajo “información” conocimientos tan distintos como pueden ser los que provienen del asesoramiento legal o de lo que narra un retornado sobre sus experiencias previas? ¿O la información sobre el precio de los alquileres y la información sobre el tipo de papeles que necesitas para trabajar en destino? También se debatió sobre la pertinencia y relevancia de asumir las distintas nacionalidades como variable independiente. Laura Oso comentó que algunos investigadores en migraciones internacionales rechazan el análisis de las diferencias por nacionalidad porque ello resulta en “esencializar” los orígenes. La crítica es comprensible; no obstante, preferimos recoger las diferencias por nacionalidad que puedan ser evidentes y lograr una explicación contextual y estructural de esas diferencias. Entre las propuestas de Raúl de mayor interés para nuestra investigación cabe destacar el recurso a las evidencias documentales de la experiencia migratoria. En la investigación histórica, se buscan las cartas, los documentos que nos refieren al viaje, a los préstamos adquiridos y saldados y a la inversión de remesas, las fotos y los periódicos que conectan origen y destino, etc. En este sentido, somos conscientes del reto que suponen en la actualidad las nuevas tecnologías y el desarrollo de los medios de comunicación y transporte. Por otra parte, Obdulia Taboadela destacó el interés del estudio de la “burocracia de la emigración” –de todos los documentos, redes y mecanismos que se desarrollan alrededor de un movimiento migratorio. En cuanto a los informantes con los que trabajar, Raúl defiende una relación más íntima y de confianza entre investigador e informante, si bien se constata el riesgo de moverse siempre dentro de una misma red más o menos homogénea.